
30 DIAS A LA VICTORIA A TRAVEZ DEL PERDON
DIA 25
AYUDA AL OFENSOR
La tercera manera de evaluar si estás en la senda del perdón se encuentra en Génesis 45:5. José les dijo a sus hermanos: “Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá”. El verdadero perdón ayuda a los ofensores a perdonarse a sí mismos después de haberte pedido perdón. José podía ver que sus hermanos estaban arrepentidos de lo que habían hecho, sobre todo, cuando vieron el dolor causado a su padre. Por lo tanto, José trató de ayudarlos a perdonarse a sí mismos.
José no amontonó culpa sobre culpa. Los hermanos ya se sentían culpables por lo que habían hecho, así que no los hizo sentir aún más culpables.
Cuando un matrimonio se reconcilia después de una separación y, en particular, si uno de los cónyuges contribuyó a la ruptura por una adicción o una aventura amorosa, las expresiones verbales de perdón y reconciliación deben respaldarse con acciones congruentes. El cónyuge herido no debe usar cada nueva ocasión como una oportunidad para echarle más culpa al ofensor. No permitas que el sarcasmo o el ataque verbal envenenen tus conversaciones. Ofrece tu amor e intimidad incondicionalmente, en vez de retenerlos. Si puedes ayudar al ofensor a perdonarse a sí mismo, estarás ganando impulso en tu camino hacia el verdadero perdón.
José es un claro ejemplo de esta tercera evaluación del perdón. Él ayuda a sus ofensores a perdonarse a sí mismos e incluso los alienta a hacerlo.
Este nivel de perdón solo puede ocurrir cuando recuerdas la providencia de Dios. José les dijo a sus hermanos que aquello que habían planeado para hacerle mal, Dios lo había usado para bien. En otras palabras, les dijo: “Ustedes me vendieron aquí, pero fue Dios quien me envió aquí”.
Debes confiar en que el Dios soberano usa las experiencias buenas, malas y feas de tu vida si quieres alcanzar este hito en el viaje hacia el perdón. Puede que te hayan hecho mucho daño, pero Dios usará ese daño para llevarte directamente a tu destino. Cuando realmente crees y caminas en esta verdad, no sentirás la necesidad de hacer acumular más culpa sobre tus ofensores (o a aquellos que tú asocias con tus ofensores en virtud de la transferencia o la representación). Más bien, como José, sentirás el impulso de ayudar con tus palabras y tus actos a facilitar sanidad a quienes te han herido.
La tercera manera de evaluar si estás en la senda del perdón se encuentra en Génesis 45:5. José les dijo a sus hermanos: “Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá”. El verdadero perdón ayuda a los ofensores a perdonarse a sí mismos después de haberte pedido perdón. José podía ver que sus hermanos estaban arrepentidos de lo que habían hecho, sobre todo, cuando vieron el dolor causado a su padre. Por lo tanto, José trató de ayudarlos a perdonarse a sí mismos.
José no amontonó culpa sobre culpa. Los hermanos ya se sentían culpables por lo que habían hecho, así que no los hizo sentir aún más culpables.
Cuando un matrimonio se reconcilia después de una separación y, en particular, si uno de los cónyuges contribuyó a la ruptura por una adicción o una aventura amorosa, las expresiones verbales de perdón y reconciliación deben respaldarse con acciones congruentes. El cónyuge herido no debe usar cada nueva ocasión como una oportunidad para echarle más culpa al ofensor. No permitas que el sarcasmo o el ataque verbal envenenen tus conversaciones. Ofrece tu amor e intimidad incondicionalmente, en vez de retenerlos. Si puedes ayudar al ofensor a perdonarse a sí mismo, estarás ganando impulso en tu camino hacia el verdadero perdón.
| EL VERDADERO PERDÓN AYUDA A LOS OFENSORES A PERDONARSE A SÍ MISMOS DESPUÉS DE HABERTE PEDIDO PERDÓN. |
José es un claro ejemplo de esta tercera evaluación del perdón. Él ayuda a sus ofensores a perdonarse a sí mismos e incluso los alienta a hacerlo.
Este nivel de perdón solo puede ocurrir cuando recuerdas la providencia de Dios. José les dijo a sus hermanos que aquello que habían planeado para hacerle mal, Dios lo había usado para bien. En otras palabras, les dijo: “Ustedes me vendieron aquí, pero fue Dios quien me envió aquí”.
Debes confiar en que el Dios soberano usa las experiencias buenas, malas y feas de tu vida si quieres alcanzar este hito en el viaje hacia el perdón. Puede que te hayan hecho mucho daño, pero Dios usará ese daño para llevarte directamente a tu destino. Cuando realmente crees y caminas en esta verdad, no sentirás la necesidad de hacer acumular más culpa sobre tus ofensores (o a aquellos que tú asocias con tus ofensores en virtud de la transferencia o la representación). Más bien, como José, sentirás el impulso de ayudar con tus palabras y tus actos a facilitar sanidad a quienes te han herido.