
30 DIAS A LA VICTORIA A TRAVEZ DEL PERDON
DIA 24
CUIDADO CON LA TRANSFERENCIA
Esta es otra manera de evaluar tu progreso en el viaje del perdón: ¿Estás dispuesto y eres capaz de hacer que el ofensor se sienta bien? “Entonces dijo José a sus hermanos: Acercaos ahora a mí. Y ellos se acercaron” (Gn. 45:4).
José llamó a sus hermanos para que se acercaran a él antes de decirles lo que les tenía que decir. Cuando no has perdonado a alguien, lo quieres lejos. Si lo ves entrar donde tú estás, te vas de allí. Si se menciona su nombre en una conversación, cambias de tema o te retiras. Pero José hizo justo lo opuesto. Trató de hacer sentir cómodos a sus hermanos cuando estaban en su presencia, no ansiosos ni tensos o a la defensiva.
Recuerda que estos fueron los mismos hermanos que lo echaron a patadas de la familia, lo arrojaron a un pozo para que se pudriera allí y luego decidieron sacarle alguna ganancia y lo vendieron como esclavo. En vez de juzgarlos y rechazarlos, José les pidió que se acercaran. El verdadero perdón busca que los ofensores arrepentidos se sientan incluidos, porque ya los ha desvinculado de las ofensas que cometieron.
¿Cómo se aplica esto al perdón unilateral o al perdón transaccional cuando la reconciliación aún no ha ocurrido? Cuando los ofensores no están arrepentidos, acercarse a ellos no siempre es posible ni sabio. Deja que su arrepentimiento pase la prueba del tiempo. (Más adelante ahondaremos en esto).
¿Te cuesta hacer que algunas personas se sientan cómodas en tu presencia, incluso aquellas que no te han ofendido? Ten cuidado con la transferencia y la representación. Ambos principios se refieren a los efectos de transferir la falta de perdón.
Si una joven está herida por una violación o incesto, a menudo transfiere la amargura y el enojo a otros; tal vez a los hombres que tienen un perfil similar al del ofensor (raza, edad, altura). Esto, a su vez, produce distancia o enojo en las relaciones con personas que no tienen nada que ver con la ofensa.
O si alguien te roba algo, podrías aplicar el mismo nivel de desconfianza, mediante el principio de representación, a cualquiera que tenga el mismo trasfondo u origen étnico. Recuerdo una ocasión en que un hombre me pidió prestado miles de dólares y no pudo devolvérmelos. Cada vez que lo veía, me explicaba por qué no había podido devolverme el dinero.
Después de varios años, supe que necesitaba perdonar a ese hombre y liberarlo de su deuda. No lo hice tanto para que él fuera libre, sino para poder serlo yo. Noté que en mis pensamientos surgía un patrón. Me llenaba de frustración y pesar cada vez que veía a aquel hombre (que además era miembro de la iglesia, así que lo vía regularmente), y además estaba empezando a desconfiar de todo el mundo, en particular de quienes necesitaban pedirme algo prestado. Empezaba a ver a amigos bienintencionados como representantes de ese hombre por si acaso necesitaban algo.
Si te das cuenta de que estás tratando a personas inocentes como si hubieran cometido una ofensa contra ti y no se hubieran arrepentido, pídele a Dios que te muestre la raíz del problema, que a menudo es la necesidad de perdonar a otra persona. No permitas que la transferencia o la representación arruinen tus demás relaciones.
Esta es otra manera de evaluar tu progreso en el viaje del perdón: ¿Estás dispuesto y eres capaz de hacer que el ofensor se sienta bien? “Entonces dijo José a sus hermanos: Acercaos ahora a mí. Y ellos se acercaron” (Gn. 45:4).
José llamó a sus hermanos para que se acercaran a él antes de decirles lo que les tenía que decir. Cuando no has perdonado a alguien, lo quieres lejos. Si lo ves entrar donde tú estás, te vas de allí. Si se menciona su nombre en una conversación, cambias de tema o te retiras. Pero José hizo justo lo opuesto. Trató de hacer sentir cómodos a sus hermanos cuando estaban en su presencia, no ansiosos ni tensos o a la defensiva.
Recuerda que estos fueron los mismos hermanos que lo echaron a patadas de la familia, lo arrojaron a un pozo para que se pudriera allí y luego decidieron sacarle alguna ganancia y lo vendieron como esclavo. En vez de juzgarlos y rechazarlos, José les pidió que se acercaran. El verdadero perdón busca que los ofensores arrepentidos se sientan incluidos, porque ya los ha desvinculado de las ofensas que cometieron.
¿Cómo se aplica esto al perdón unilateral o al perdón transaccional cuando la reconciliación aún no ha ocurrido? Cuando los ofensores no están arrepentidos, acercarse a ellos no siempre es posible ni sabio. Deja que su arrepentimiento pase la prueba del tiempo. (Más adelante ahondaremos en esto).
¿Te cuesta hacer que algunas personas se sientan cómodas en tu presencia, incluso aquellas que no te han ofendido? Ten cuidado con la transferencia y la representación. Ambos principios se refieren a los efectos de transferir la falta de perdón.
| NO PERMITAS QUE LA TRANSFERENCIA O LA REPRESENTACIÓN ARRUINEN TUS DEMÁS RELACIONES. |
Si una joven está herida por una violación o incesto, a menudo transfiere la amargura y el enojo a otros; tal vez a los hombres que tienen un perfil similar al del ofensor (raza, edad, altura). Esto, a su vez, produce distancia o enojo en las relaciones con personas que no tienen nada que ver con la ofensa.
O si alguien te roba algo, podrías aplicar el mismo nivel de desconfianza, mediante el principio de representación, a cualquiera que tenga el mismo trasfondo u origen étnico. Recuerdo una ocasión en que un hombre me pidió prestado miles de dólares y no pudo devolvérmelos. Cada vez que lo veía, me explicaba por qué no había podido devolverme el dinero.
Después de varios años, supe que necesitaba perdonar a ese hombre y liberarlo de su deuda. No lo hice tanto para que él fuera libre, sino para poder serlo yo. Noté que en mis pensamientos surgía un patrón. Me llenaba de frustración y pesar cada vez que veía a aquel hombre (que además era miembro de la iglesia, así que lo vía regularmente), y además estaba empezando a desconfiar de todo el mundo, en particular de quienes necesitaban pedirme algo prestado. Empezaba a ver a amigos bienintencionados como representantes de ese hombre por si acaso necesitaban algo.
Si te das cuenta de que estás tratando a personas inocentes como si hubieran cometido una ofensa contra ti y no se hubieran arrepentido, pídele a Dios que te muestre la raíz del problema, que a menudo es la necesidad de perdonar a otra persona. No permitas que la transferencia o la representación arruinen tus demás relaciones.