30 DIAS A LA VICTORIA A TRAVEZ DEL PERDON

DIA 23

NO DIVULGUES LA OFENSA 

La vida de José es una historia de intriga y sufrimiento, traición y fidelidad, hipocresía y sinceridad, riesgo y confianza… es un drama en su máxima expresión. Su vida ha inspirado películas, obras de teatro y libros. Recientemente, terminé una serie de predicaciones de tres meses sobre la vida de José. Su historia ofrece muchos ejemplos que podemos aplicar a nuestra vida; pero solo nos centraremos en algunos asuntos que aparecen, principalmente, en Génesis 45. 

Este pasaje nos ofrece el vislumbre de uno de los ejemplos más impecables y completos de perdón genuino de las Escrituras. He sacado cinco maneras de evaluar el verdadero perdón. Considera cada una de ellas y aplícalas a tu situación para determinar hasta dónde has llegado en tu viaje de perdonar a quienes te han ofendido. Un recuerdo o un suceso pueden desencadenar emociones, que creías ya superadas y, antes de que te des cuenta, puedes hallarte de nuevo en la casilla de salida, luchando de nuevo con la amargura que te frenó desde un principio. 

La primera evaluación se encuentra en Génesis 45:1, donde leemos: “No podía ya José contenerse delante de todos los que estaban al lado suyo, y clamó: Haced salir de mi presencia a todos”. José hizo desalojar la habitación antes de confrontar a sus hermanos y darse a conocer. 

EL VERDADERO PERDÓN IMPLICA NO DIVULGAR LA OFENSA A PERSONAS NO INVOLUCRADAS. 

Sabes que te estás tomando en serio el perdón cuando dejas de meter en la situación a quienes nada tienen que ver con la ofensa. José no invitó a los egipcios a quedarse allí y observar su gran acto de perdón. Tampoco avergonzó a sus hermanos dejándolos en evidencia. No los humilló sutilmente con palabras mordaces, mientras se exaltaba frente a sus colegas y colaboradores. José trató en privado el pecado de sus hermanos contra él. 

Una manera segura de saber si has perdonado de verdad es escuchar tus propias palabras. ¿Sigues murmurando sobre quienes te lastimaron? ¿Los criticas cada vez que tienes la oportunidad de hacerlo? ¿Eres reacio a hablar bien de ellos cuando surge su nombre en una conversación? ¿Todavía necesitas desahogarte? Estas acciones revelan que aún no has perdonado. Sigues aferrado al dolor y fluye de tu interior en forma de amargura y pesar. 

Si necesitas perdonarte a ti mismo, ¿te haces de menos cuando estás con otras personas? Esto no es una señal de humildad, sino de falta de consideración por ti. ¿O te honras a ti mismo no repitiendo una y otra vez lo sucedido en tu mente y en tus conversaciones con otros? 

El verdadero perdón implica no divulgar la ofensa a personas no involucradas. (Ten en cuenta que no incluyo aquí a un consejero confidencial, un pastor o tu cónyuge). Si pretendes exhibir la ofensa ante los demás de una forma deshonrosa, no ha habido perdón.