
30 DIAS A LA VICTORIA A TRAVEZ DEL PERDON
DIA 18
EL FUNDAMENTO DE TODO PERDÓN
A veces la vida se parece a la trigonometría, ¿verdad? Se va complicando y nada parece tener sentido. Pero si empiezas con la clara verdad de que Dios es soberano y que, en su providencia, dispone todas las cosas para alcanzar su objetivo, tienes una lente a través de la cual contemplar las complejidades que surgen y aceptarlas.
Tú y yo podríamos sentir que los acontecimientos suceden al azar, pero en realidad Dios lo orquesta todo según sus planes y propósitos. La palabra “providencia” significa que Dios está al volante de la historia. Unas veces conduce por la autopista principal bajo un sol radiante y otras por callejones oscuros y escondidos. ¡Y hay ocasiones en que llegamos a pensar que está yendo en contravía por una calle de sentido único! Pero siempre conduce la historia para que llegue al destino que Él ha dispuesto.
Al ser soberano, nada toma a Dios desprevenido. Nunca dice: “¡Uy! ¡No lo vi venir!”. Lo que a ti te conmociona, a Él no le sorprende. Sabía que sucedería y ha dispuesto las situaciones y los sucesos para que ayuden a bien.
En su providencia, Dios ha causado todas las cosas o ha permitido que sucedan. Esto no significa que avale el pecado. Dios aborrece el pecado y no puede pecar. Pero aun sin aprobarlo, usa el pecado de las personas (incluso cuando el instigador es Satanás y sus secuaces) para llevar a cabo sus propósitos.
DIOS PUEDE USAR LAS MALAS ACCIONES DE LOS DEMÁS PARA CONDUCIRTE A MAYOR LIBERTAD Y VIDA.
Por ejemplo, las Escrituras nos dicen que Dios endureció el corazón de Faraón para poder enviar las plagas que, finalmente, llevaran al monarca a echar a los judíos de Egipto. Usó las malas intenciones de faraón para que los israelitas aprendieran a confiar en Él, mientras los guiaba hacia la tierra prometida. Dios obró con lo que existía en el corazón de faraón para cumplir su propósito de liberar a los hijos de Israel y sacarlos de Egipto.
Dios es así de poderoso y bueno. Puede usar las malas acciones de los demás para conducirte a mayor libertad y vida. Nunca dejará que tu dolor se desperdicie. Esto solo ocurre cuando escoges no perdonar, amargarte y dudar, en vez del perdón, el amor y la confianza.
En nuestra confusión podemos caer fácilmente en la tentación de no perdonar. Lo sé. Dios no siempre tiene sentido. De hecho, rara vez lo tiene en nuestra mente finita. Romanos 11:33 dice: “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!”.
No puedes buscar un mapa o diagrama en Internet que te revele los caminos de Dios ni localizar en Google o Bing señales de la “providencia de Dios” y ver los detalles intrincados de cómo hace lo que hace y qué está planeando hacer en y a través de ti.
Sus caminos son inescrutables. No te sorprendas, pues, cuando Dios no tenga sentido: no se supone que lo tenga. Sus pensamientos y sus caminos son más altos que los nuestros (Is. 55:8-9). Él es el gran Dios indescifrable, que siempre está ajustando, girando, moviendo y disponiendo lo que te ocurre a ti y en ti para llevarte allí donde Él quiere que vayas en última instancia. Confiar en esta verdad es el fundamento de todo perdón.
A veces la vida se parece a la trigonometría, ¿verdad? Se va complicando y nada parece tener sentido. Pero si empiezas con la clara verdad de que Dios es soberano y que, en su providencia, dispone todas las cosas para alcanzar su objetivo, tienes una lente a través de la cual contemplar las complejidades que surgen y aceptarlas.
Tú y yo podríamos sentir que los acontecimientos suceden al azar, pero en realidad Dios lo orquesta todo según sus planes y propósitos. La palabra “providencia” significa que Dios está al volante de la historia. Unas veces conduce por la autopista principal bajo un sol radiante y otras por callejones oscuros y escondidos. ¡Y hay ocasiones en que llegamos a pensar que está yendo en contravía por una calle de sentido único! Pero siempre conduce la historia para que llegue al destino que Él ha dispuesto.
Al ser soberano, nada toma a Dios desprevenido. Nunca dice: “¡Uy! ¡No lo vi venir!”. Lo que a ti te conmociona, a Él no le sorprende. Sabía que sucedería y ha dispuesto las situaciones y los sucesos para que ayuden a bien.
En su providencia, Dios ha causado todas las cosas o ha permitido que sucedan. Esto no significa que avale el pecado. Dios aborrece el pecado y no puede pecar. Pero aun sin aprobarlo, usa el pecado de las personas (incluso cuando el instigador es Satanás y sus secuaces) para llevar a cabo sus propósitos.
DIOS PUEDE USAR LAS MALAS ACCIONES DE LOS DEMÁS PARA CONDUCIRTE A MAYOR LIBERTAD Y VIDA.
Por ejemplo, las Escrituras nos dicen que Dios endureció el corazón de Faraón para poder enviar las plagas que, finalmente, llevaran al monarca a echar a los judíos de Egipto. Usó las malas intenciones de faraón para que los israelitas aprendieran a confiar en Él, mientras los guiaba hacia la tierra prometida. Dios obró con lo que existía en el corazón de faraón para cumplir su propósito de liberar a los hijos de Israel y sacarlos de Egipto.
Dios es así de poderoso y bueno. Puede usar las malas acciones de los demás para conducirte a mayor libertad y vida. Nunca dejará que tu dolor se desperdicie. Esto solo ocurre cuando escoges no perdonar, amargarte y dudar, en vez del perdón, el amor y la confianza.
En nuestra confusión podemos caer fácilmente en la tentación de no perdonar. Lo sé. Dios no siempre tiene sentido. De hecho, rara vez lo tiene en nuestra mente finita. Romanos 11:33 dice: “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!”.
No puedes buscar un mapa o diagrama en Internet que te revele los caminos de Dios ni localizar en Google o Bing señales de la “providencia de Dios” y ver los detalles intrincados de cómo hace lo que hace y qué está planeando hacer en y a través de ti.
Sus caminos son inescrutables. No te sorprendas, pues, cuando Dios no tenga sentido: no se supone que lo tenga. Sus pensamientos y sus caminos son más altos que los nuestros (Is. 55:8-9). Él es el gran Dios indescifrable, que siempre está ajustando, girando, moviendo y disponiendo lo que te ocurre a ti y en ti para llevarte allí donde Él quiere que vayas en última instancia. Confiar en esta verdad es el fundamento de todo perdón.