30 DIAS A LA VICTORIA A TRAVEZ DEL PERDON

DIA 17

TU FACILIDAD PARA PERDONAR 

Tu visión del sufrimiento jugará un papel importante en tu facilidad para perdonar. Si crees que se debería evitar todo sufrimiento, te resultará más difícil perdonar a quien te provoque dolor. La teología bíblica del sufrimiento es indispensable si quieres experimentar la victoria a través del perdón. 

Muchos de nosotros nos despertamos cada mañana con cargas que parecen demasiado pesadas de llevar, y la verdad es que lo son. Sin embargo, nada es demasiado difícil para Dios. Como escribió Pablo en uno de los versículos más conocidos de todos los tiempos, la clave está en nuestra relación con Él: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13). 

Puede que nunca lleguemos a entender del todo por qué Dios permite el sufrimiento, pero podemos saber que nos enseña muchas cosas. 

Primero, Dios puede usar el sufrimiento para atraernos a una relación más estrecha con Él. Pablo estaba haciendo la voluntad de Dios, y sin embargo se encontraba en una prisión romana. Una profunda devoción al Señor no nos exime del dolor, de las pruebas ni de las heridas causadas por los demás. Sin embargo, nos llevarán más cerca de Dios al confiar en su capacidad de fortalecernos y liberarnos. 

Segundo, el sufrimiento nos enseña a ser sensibles con los que están sufriendo. Si no afrontamos nunca la traición, el dolor o la pérdida, poco sabremos sobre cómo consolar y empatizar con las personas que Dios traiga a nuestra vida, incluidas las que tengan necesidades muy profundas (2 Co. 1:6). 

Tercero, el sufrimiento nos enseña a tener paciencia y tolerancia, especialmente si nos acercamos más a Cristo por medio de la lectura de la Biblia, la meditación y la oración. Sin embargo, con demasiada frecuencia corremos en busca de una solución, en lugar de acercarnos más a Cristo. Preferimos no esperar en la voluntad de Dios. O peor aún, tratamos de vengarnos contra quien nos hizo sufrir. 

EL SUFRIMIENTO NOS ENSEÑA A SER SENSIBLES CON LOS QUE ESTÁN SUFRIENDO. 

En los deportes, cuando cometen una falta sobre un jugador y este se desquita, le sacan tarjeta, porque no le compete a él juzgar las infracciones. Hay otra persona en el campo para ocuparse de ello: el referí o el árbitro. De igual modo, Dios es el responsable de responder cuando te ofenden. Él declara que la venganza es suya, (Dt. 32:35; Ro. 12:19). Cuando te tomas la venganza por tu cuenta, Dios —igual que un referí— responde a tu reacción inapropiada y también a la ofensa original. 

Sufrir en manos de otros puede ocasionar amargura, odio y enojo en algunos, pero puede producir gracia, compasión y amor en otros. Todo depende de cómo escojas ver tu sufrimiento y si buscas a Dios en medio de ello, confiando en su soberanía. Tu respuesta al dolor determina el beneficio que recibas del mismo.