
30 DIAS A LA VICTORIA A TRAVEZ DEL PERDON
DIA 16
EL VALOR PARA PERDONAR
Una de las mayores luchas que afrontamos en nuestro camino hacia el perdón se resume en dos diminutas palabras: “por qué”. ¿Por qué permitió Dios que la enfermedad se llevara a mi hijo siendo todavía pequeño? ¿Por qué acabó la relación? ¿Por qué hizo la empresa reducción de personal? o ¿Por qué ejecutó el banco la hipoteca de mi casa? ¿Por qué fulano me hizo eso cuando era solo una niña? ¿Por qué?
Dos pequeñas palabras que encierran la pregunta que ha conmovido cada corazón cuando la vida parece injusta.
Amigo, si puedes descubrir la respuesta a esta simple pregunta, estarás en el camino indicado hacia la victoria a través del perdón, porque sabrás que tu dolor tiene un propósito. La libertad puede definirse como la liberación de una esclavitud ilegítima, que te empodera para realizar y maximizar todo aquello para lo cual fuiste creado. Cuando no eres libre, no puedes vivir a tope la vida que Dios ha diseñado para ti. Por ello es tan importante deshacerse de la esclavitud de la falta de perdón.
Dios tiene un propósito cuando permite los problemas y las pruebas de la vida: ayudarte a cumplir tu destino. Las luchas a las que te has enfrentado (que podrían haberte conducido a la falta de perdón) no son accidentales, aunque lo parezcan. Dios tiene un propósito en aquello que permite. Lamentablemente, solemos pasar por alto esto por centrarnos en nuestro dolor.
A través del poder del perdón puedes dignificar tus dificultades al descubrir el destino al que Dios te está guiando a través del caos. Así como el dolor del entrenamiento físico intensivo puede fortalecer a los atletas, el dolor de las pruebas y los problemas puede ayudar a los creyentes a crecer espiritualmente, si no perdemos la fe. En Lucas 22, Jesús le dijo a Pedro que Satanás le había pedido permiso para zarandearlo como a trigo. En otras palabras, Satanás quería descolocar a Pedro. En este caso en particular, lo incitaría a pecar, y esto desmoralizaría al discípulo, a menos que fuese capaz de perdonarse a sí mismo.
DIOS ES SOBERANO, Y ESO SIGNIFICA QUE CAUSA O PERMITE TODO LO QUE SUCEDE.
Satanás usa infinidad de formas de fastidiar a los seres humanos, y una de las principales es a través de los pecados que cometemos unos contra otros. Los que se perpetran en nuestra contra nos producen temor, amargura, odio y todo lo opuesto al mandamiento más importante de Dios y a nuestro más alto propósito principal: amar. El temor, la amargura y el odio pueden conducir a lo que yo llamo “pecados compuestos”. Son pecados que nosotros cometemos, como por ejemplo: reacciones, mecanismos de defensa o distracciones de nuestro dolor. Nos negamos a perdonar, empeoramos las cosas ya que después nos sentimos culpables y avergonzados. Y el ciclo se repite.
Sin embargo, observa que Satanás tuvo que pedir permiso para interferir con Pedro antes de poder hacerlo. Hasta el diablo está bajo la mano soberana de Dios. No puede hacer todo lo que quiere. Nada te puede alcanzar sin pasar por la mano de Dios.
A pesar de ello nos preguntamos: ¿por qué permitió Dios que Satanás zarandeara a Pedro y a los discípulos? ¿En realidad, por qué permite que Satanás se meta con nosotros? Esta pregunta acabará por frustrarte rápidamente si no vives con la perspectiva de la soberanía de Dios.
Dios es soberano, y eso significa que causa o permite todo lo que sucede. Además, lo cause Él o lo permita, cuando todo termine, será como Él quiere que sea para los llamados según su propósito (Ro. 8:28). Para quienes, como Pedro, no han perdido la fe; esto no significa perder la salvación ni dejar de creer en Dios. Es, más bien, una referencia a tirar la toalla: escoger el odio y no el amor, el temor y no la confianza o la resistencia como medida de autoprotección en vez de rendirse. Jesús oró para que Pedro no perdiera la fe cuando Satanás zarandeara y probara su alma. Es un principio tan importante que Jesús mismo oró por Pedro y, como resultado, no perdió la fe. Pedro sería restaurado y lideraría la cruzada de evangelización cristiana inaugural, en la que proclamaría con valentía el nombre de Jesús que anteriormente había negado.
El objetivo principal de Dios para ti es el mismo que para Pedro: que llegues a ser un cristiano maduro y que reflejes su gloria a quienes te rodean. El método divino para llevarte a la madurez suele ser mediante las pruebas y sus enseñanzas. Con frecuencia, las pruebas incluyen ofensas que otros cometen contra ti así como las consecuencias de tus propias decisiones.
¿Por qué suceden estas cosas? La respuesta suprema está relacionada con el motivo por el cual has venido a esta tierra: cumplir tu propósito. Cuando entiendes que Dios permite las cosas que te suceden para fortalecerte, hallarás el valor para perdonar y dejar todo atrás.
Una de las mayores luchas que afrontamos en nuestro camino hacia el perdón se resume en dos diminutas palabras: “por qué”. ¿Por qué permitió Dios que la enfermedad se llevara a mi hijo siendo todavía pequeño? ¿Por qué acabó la relación? ¿Por qué hizo la empresa reducción de personal? o ¿Por qué ejecutó el banco la hipoteca de mi casa? ¿Por qué fulano me hizo eso cuando era solo una niña? ¿Por qué?
Dos pequeñas palabras que encierran la pregunta que ha conmovido cada corazón cuando la vida parece injusta.
Amigo, si puedes descubrir la respuesta a esta simple pregunta, estarás en el camino indicado hacia la victoria a través del perdón, porque sabrás que tu dolor tiene un propósito. La libertad puede definirse como la liberación de una esclavitud ilegítima, que te empodera para realizar y maximizar todo aquello para lo cual fuiste creado. Cuando no eres libre, no puedes vivir a tope la vida que Dios ha diseñado para ti. Por ello es tan importante deshacerse de la esclavitud de la falta de perdón.
Dios tiene un propósito cuando permite los problemas y las pruebas de la vida: ayudarte a cumplir tu destino. Las luchas a las que te has enfrentado (que podrían haberte conducido a la falta de perdón) no son accidentales, aunque lo parezcan. Dios tiene un propósito en aquello que permite. Lamentablemente, solemos pasar por alto esto por centrarnos en nuestro dolor.
A través del poder del perdón puedes dignificar tus dificultades al descubrir el destino al que Dios te está guiando a través del caos. Así como el dolor del entrenamiento físico intensivo puede fortalecer a los atletas, el dolor de las pruebas y los problemas puede ayudar a los creyentes a crecer espiritualmente, si no perdemos la fe. En Lucas 22, Jesús le dijo a Pedro que Satanás le había pedido permiso para zarandearlo como a trigo. En otras palabras, Satanás quería descolocar a Pedro. En este caso en particular, lo incitaría a pecar, y esto desmoralizaría al discípulo, a menos que fuese capaz de perdonarse a sí mismo.
DIOS ES SOBERANO, Y ESO SIGNIFICA QUE CAUSA O PERMITE TODO LO QUE SUCEDE.
Satanás usa infinidad de formas de fastidiar a los seres humanos, y una de las principales es a través de los pecados que cometemos unos contra otros. Los que se perpetran en nuestra contra nos producen temor, amargura, odio y todo lo opuesto al mandamiento más importante de Dios y a nuestro más alto propósito principal: amar. El temor, la amargura y el odio pueden conducir a lo que yo llamo “pecados compuestos”. Son pecados que nosotros cometemos, como por ejemplo: reacciones, mecanismos de defensa o distracciones de nuestro dolor. Nos negamos a perdonar, empeoramos las cosas ya que después nos sentimos culpables y avergonzados. Y el ciclo se repite.
Sin embargo, observa que Satanás tuvo que pedir permiso para interferir con Pedro antes de poder hacerlo. Hasta el diablo está bajo la mano soberana de Dios. No puede hacer todo lo que quiere. Nada te puede alcanzar sin pasar por la mano de Dios.
A pesar de ello nos preguntamos: ¿por qué permitió Dios que Satanás zarandeara a Pedro y a los discípulos? ¿En realidad, por qué permite que Satanás se meta con nosotros? Esta pregunta acabará por frustrarte rápidamente si no vives con la perspectiva de la soberanía de Dios.
Dios es soberano, y eso significa que causa o permite todo lo que sucede. Además, lo cause Él o lo permita, cuando todo termine, será como Él quiere que sea para los llamados según su propósito (Ro. 8:28). Para quienes, como Pedro, no han perdido la fe; esto no significa perder la salvación ni dejar de creer en Dios. Es, más bien, una referencia a tirar la toalla: escoger el odio y no el amor, el temor y no la confianza o la resistencia como medida de autoprotección en vez de rendirse. Jesús oró para que Pedro no perdiera la fe cuando Satanás zarandeara y probara su alma. Es un principio tan importante que Jesús mismo oró por Pedro y, como resultado, no perdió la fe. Pedro sería restaurado y lideraría la cruzada de evangelización cristiana inaugural, en la que proclamaría con valentía el nombre de Jesús que anteriormente había negado.
El objetivo principal de Dios para ti es el mismo que para Pedro: que llegues a ser un cristiano maduro y que reflejes su gloria a quienes te rodean. El método divino para llevarte a la madurez suele ser mediante las pruebas y sus enseñanzas. Con frecuencia, las pruebas incluyen ofensas que otros cometen contra ti así como las consecuencias de tus propias decisiones.
¿Por qué suceden estas cosas? La respuesta suprema está relacionada con el motivo por el cual has venido a esta tierra: cumplir tu propósito. Cuando entiendes que Dios permite las cosas que te suceden para fortalecerte, hallarás el valor para perdonar y dejar todo atrás.