30 DIAS A LA VICTORIA A TRAVEZ DEL PERDON

DIA 13

EL PERDÓN TRANSACCIONAL 

Hemos analizado el perdonarnos a nosotros mismos (perdón personal) y el perdonar a quienes no nos piden perdón (perdón unilateral). Ahora consideremos qué hacer cuando el ofensor se arrepiente y busca nuestro perdón. Es el momento de conceder el perdón transaccional. El ofensor te ofrece una disculpa y tú le concedes tu perdón. Se produce un intercambio; es un acuerdo recíproco. 

El perdón transaccional restaura algo que se ha roto. Las personas que confiesan voluntariamente y se arrepienten, suelen querer una reconciliación. Pero la trampa es esta: no siempre conocemos el motivo verdadero subyacente a la confesión y al arrepentimiento del ofensor. La motivación podría ser pura, y la persona estar verdaderamente arrepentida. Por otra parte, quizás el ofensor se vio descubierto e intente evitar las consecuencias. 

Repasemos brevemente qué es el arrepentimiento: no solo implica decir “lo siento”, sino también “cambiar de opinión” con respecto a la ofensa; verla como Dios la ve. Esto nos impulsa a abandonar el comportamiento erróneo y a adoptar la actitud correcta. Podría incluir un ofrecimiento de restitución si fuera posible o necesario. El propósito del arrepentimiento no solo es restablecer la comunión con Dios y con los demás, sino también limitar las consecuencias de la ofensa. 

EL VERDADERO ARREPENTIMIENTO PRODUCE VIDA. 

Lamentablemente, los ofensores podrían parecer arrepentidos, pero sin que se produzca un “cambio de opinión” real respecto a la ofensa, esta se volverá a repetir una y otra vez. Cuando eso sucede, la persona podría seguir diciendo “lo siento”, pero solo por verse descubierta e intentar evitar las consecuencias de sus actos. 

Siendo así, es importante observar que el perdón transaccional incluye dos componentes: el perdón y la reconciliación. El perdón debería concederse lo antes posible, pero la reconciliación debería ganarse mediante la demostración de un arrepentimiento y una fiabilidad verdaderos. 

Por lo tanto, después de conceder el perdón transaccional, pero antes de la reconciliación, deberíamos probar el fruto del arrepentimiento. Es lo que hizo José cuando sus hermanos le pidieron perdón en Egipto. En Génesis 42:15-16, José dijo que estaba probando sus palabras para saber si eran veraces. En ese momento, sus hermanos desconocían que fuera él aquel hermano que habían calumniado y vendido como esclavo. Pero José sabía quiénes eran ellos y lo que le habían hecho hacía veintidós años. Por ello, probó sus corazones y su carácter para ver si habían cambiado o si seguían siendo los mismos. 

Decir “lamento lo que hice” es bueno. Pero si esa disculpa no va acompañada por frutos de arrepentimiento, en realidad podría significar: “lamento que me hayan descubierto”. 

El verdadero arrepentimiento produce vida. Por ejemplo, después de que Pedro negara a Jesús tres veces, se fue y lloró, y volvió a servir a Cristo. Por el contrario, Judas solo sintió remordimiento (Mt. 27:3), y fue y se colgó. 

Antes de restaurar una relación con alguien que busca tu perdón transaccional, tómate un tiempo para estar seguro de que está realmente arrepentido y no que solo siente remordimiento. ¿Se arrepintió realmente de la ofensa que cometió contra ti?