CHOCANDO CONTRA LA PARED
Así como el Espíritu llevó a Jesús al desierto, el Espíritu me llevó a mí (Mel) a un desierto. Pero llevó un tiempo. Mis primeros cinco años en el pastorado fueron geniales. Dios parecía bendecir mi ministerio en todos los sentidos. De hecho, las cosas iban tan bien, que no podía entender por qué algunos pastores parecían luchar tanto. Subconscientemente, casi pensé que debían ser poco espirituales. Después de todo, si uno amara a Dios y amara a su pueblo, ¿no debería todo salir bien? Entonces me di contra la pared. Mi esposa y yo experimentamos el año más doloroso de nuestras vidas. Gina tuvo una cirugía de emergencia que requirió un largo proceso de curación física. Mientras tanto, nos enteramos de que nuestra hija tenía parálisis cereabral, y el dolor de ese descubrimiento fue casi insoportable. Durante este mismo periodo, cuando nuestras emociones estaban gravemente tensas, algunas personas de nuestra iglesia actuaron de forma impía y nos hirieron profundamente. Justo en medio de nuestro dolor personal, la iglesia, que todavía era joven y frágil, empezó a pasar apuros.
Teníamos muchos creyentes nuevos que habíamos llevado al Señor, pero no muchos maduros. También había un grupo de cristianos descontentos que habían venido de otra iglesia. De repente nos encontramos en una gran lucha. Por primera vez en mi vida, me puse ansioso. De hecho, no me gustaba ir a la iglesia porque sabía que estaba llena de problemas y ya no tenía energía para lidiar con ellos. Estábamos en un valle oscuro, y me dolía. Recuerdo que me senté con Gina en el salón de nuestra casa y le dije: «Este ha sido el año más difícil de nuestras vidas, pero puede que resulte ser el más provechoso. Dios ha elegido enseñarnos algunas cosas que Él sabe que necesitamos aprender, cosas que tendrán un impacto en el resto de nuestras vidas." El Señor nos formó durante ese tiempo de maneras mucho más profundas de lo que jamás esperábamos. Nos ayudó a entender cómo caminar con Cristo en una época oscura.
Nos ayudó a comprender al pueblo de Dios como nunca antes lo habíamos hecho. Nos hizo sentir ternura por las iglesias y pastores en dificultades. De hecho, desde entonces, Dios nos ha dado la oportunidad de estar al lado de muchos pastores que sufren e iglesias que luchan. Si quieres un gran carácter, hay un desierto en el que entrar; hay un valle por el que pasar. Es en esos momentos cuando el Espíritu Santo puede mostrarte a Cristo más claramente que en cualquier otro momento de tu vida. En el proceso, te vuelves más semejante a Cristo en carácter.
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