Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. - JUAN 14:16-17
A menudo hay una gran diferencia entre las promesas de Dios en las Escrituras y la experiencia diaria de muchos cristianos. ¿Por qué innumerables creyentes parecen impotentes ante un mundo que necesita desesperadamente lo que nosotros decimos tener? ¿Por qué la Iglesia tiene tan poco impacto cuando somos el cuerpo de Cristo en la tierra? ¿Por qué hay tantos cristianos frustrados, sintiendo que tiene que haber algo más? Probablemente haya varias razones, pero una de las principales es que los cristianos buscan dones del Espíritu Santo y no al Espíritu Santo en sí. Quieren hacer grandes cosas para Dios, pero no han entendido que la grandeza en el reino de Dios viene de una relación con Cristo y la llenura del Espíritu Santo.
Están tan enamorados de sí mismos que no tienen idea de lo que hay en el corazón de Dios, y se pierden lo que Él ha propuesto para sus vidas. Si buscamos los dones del Espíritu y no al Espíritu Santo mismo, siempre nos enfocaremos en el yo. Debemos aprender a entender que no hay dones aparte de una relación íntima con el Espíritu. Y la obra del Espíritu está directamente relacionada con el señorío de Cristo en nuestras vidas. La mayor tragedia del pueblo de Dios hoy en día es que les falta la plenitud del Espíritu. Si supieran lo que les falta, dejarían todo y lo buscarían de todo corazón. Porque aparte de la presencia activa del Espíritu Santo, no hay posibilidad de que un individuo o una iglesia hagan otra cosa que practicar la actividad religiosa. Usted puede ser muy activo e involucrado en su iglesia, pero sin la plenitud del Espíritu, se perderá el poder de Dios. Lo que Dios busca de nosotros no es más actividad, sino una relación más profunda.
No Comments