11-15-23-ESP.

"¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma?".

Marcos 8:36
TODA LA HISTORIA

 
Léela Marcos 8:34-36
Una de las cosas que más me gustan del Señor Jesús es que siempre puedes confiar en que te contará toda la historia. Jesús no te daría una rosa sin advertirte que tengas cuidado con las espinas. No te contaría las buenas noticias y se saltaría las malas. Y no te llamaría a seguirlo sin decirte el costo que implica ser su discípulo. Satanás no es así. Sólo te cuenta la mitad de la historia. Sólo quiere que veas el lado bueno del pecado. No quiere que sepas que te diriges hacia un callejón sin salida llamado infierno. A veces ni siquiera te cuentan toda la historia en la iglesia. Todo el mundo está vestido, luciendo bien. Pero si pudieras ver entre bastidores, verías el resto de la historia. Una cosa que puedes ver en el ministerio es la otra mitad de la historia. Descubres dónde vive la gente y cómo sufre. Así que Jesús siempre te da la historia completa. Eso es lo que yo necesito hacer también si voy a ser fiel a El y a ti.

Así que esta semana vamos a hablar del sacrificio del compromiso. Sé que sacrificio no es una palabra divertida. La mayoría de nosotros no queremos oír hablar de lo que tenemos que dejar, de lo que tenemos que desprendernos, para seguir a Jesús. Queremos saber lo que se nos dará y a lo que podemos aferrarnos mientras caminamos con el Señor. A algunos de los discípulos de Jesús les encanta hablar del reino, del poder y de la gloria. Y todo eso es real. Acabamos de pasar una semana analizando el poder del compromiso. Pero si tú y yo vamos a aplicar la mente de Cristo a nuestra vida diaria, tenemos que pensar con toda Su mente. Y una de las cosas en la mente de Jesús es el costo del compromiso, el sacrificio requerido para ser Su discípulo. Pero, ¿sabes qué? Si estás realmente enamorado de Jesús, las cosas a las que te pide que renuncies no son gran cosa. Piénsalo Lo que Jesús te pide que dejes son las chucherías y baratijas de este mundo a cambio de todas las riquezas del cielo. ¡Menudo trato!

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