10-19-23-ESP.

Que ya no seamos esclavos del pecado.

Romanos 6:6
INSISTE EN ELLO


Léelo Gálatas 5:24-25
Cuando crecía en Baltimore, jugaba frente a la boca de incendios. Mi padre me explicaba que debajo de la tierra, esa boca de incendios estaba conectada a una presa que tenía más agua de la que yo podría usar jamás. Mientras existiera esa conexión invisible, siempre saldría agua de la boca de incendios. Todo lo que tú eres es una boca de riego. El Espíritu Santo es la presa. Mientras mantengas la conexión apretada, el agua continuará fluyendo. Así que si usted está viviendo por la carne y no por el Espíritu, debe haber daño en la tubería subterránea. ¿Cómo hacer que vuelva a fluir el agua? Pablo nos da dos analogías. El versículo 24 habla de crucificar la carne. Si perteneces a Cristo, has sido crucificado con Él (Gálatas 2:20). Puesto que Cristo es el vencedor del pecado y de la tumba por Su resurrección, y puesto que usted ha resucitado con Él, ya está en el bando de los vencedores. La segunda analogía es ya familiar, la de caminar por el Espíritu. Caminar implica, en primer lugar, ir a alguna parte. Nuestro destino es la voluntad de Dios. Caminar supone también un movimiento continuo. Si un bebé tropieza, se levanta. No condenamos a un bebé por caerse. Pero algo va mal si no intenta levantarse de nuevo. Si tropieza, no se quede ahí. Levántate y empieza a moverte de nuevo.

Por último, caminar implica dependencia. Para andar, hay que poner el peso en los pies y depender de las piernas y los pies para mantenerse en pie. Dices: "¿Cómo sé cuándo dependo de Dios?". Respuesta sencilla: orando. Por eso Pablo dijo que oráramos sin cesar. Trae todo lo que enfrentas al Señor. La oración es como respirar. Si dejas de hacerlo, te mueres. Dices: "Es difícil orar". Bueno, yo crecí con un caso grave de asma. Era difícil respirar. Pero te aseguro que insistí en hacerlo aunque tenía los bronquios congestionados. Nunca pensé en no intentar respirar. Cuando el pecado nos congestiona, es difícil rezar. Pero hay que insistir en ello. Deja de orar, y el flujo se detiene. Piénsalo Despeja esos conductos y sigue orando. Mantén esa conexión con el Espíritu fluyendo libremente.

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