"Los juicios de Yahveh... son más deseables que el oro, sí, que mucho oro fino. "
Salmo 19:9-10
MEJOR QUE EL ORO
Léelo: Salmo 19:7-14 Vivimos en un mundo que ha perdido el valor de la Palabra de Dios. La Biblia está en segundo plano frente a muchas otras cosas que no tienen ningún valor duradero. Pero el problema es nuestro, no de Dios. Es casi imposible exagerar la importancia de Su revelación. Es el medio inerrante (sin errores) por el que se nos revela. Dios nos dice: "¿Quieres conocerme? Devora Mi Libro". Job entendió eso. La Palabra de Dios era más vital para él que su alimento diario (Job 23:12). En otras palabras, lo que Dios tenía que decir era más importante para Job que su pollo frito, sus verduras y su pan de maíz. ¡En serio! Era el combustible con el que Job vivía, con el que se sostenía durante una dura prueba. Hoy estamos en un tiempo de pruebas severas.
Nuestra necesidad de la Biblia es crítica, porque estamos viendo a una generación "perecer por falta de conocimiento". La Biblia aborda nuestro dilema. Responde a nuestra desesperada necesidad de algo estable, sólido y fiable que nos guíe. El Salmo 19 da al menos cuatro ejemplos de lo que la Palabra de Dios puede hacer por nosotros: (1) Es tan completa que puede transformar toda tu persona (v. 7a). (2) Te enseña cómo vivir hábilmente; imparte sabiduría (v. 7b). (3) La Palabra te muestra el verdadero camino a seguir mientras serpenteas por el laberinto de la vida. De hecho, nunca verás la vida como realmente es hasta que la veas a través de la lente de la Biblia (v. 8). (4) No hay impurezas en la Palabra, ni errores que te lleven a una zanja si la sigues (v. 9). La Palabra de Dios es la norma perdurable con la que se ha de juzgar todo. Suena muy bien, ¿verdad? Entonces, ¿qué debes hacer con las cosas buenas de la Palabra de Dios? El versículo de hoy te lo dice. Ve tras ellas como un minero con fiebre del oro. ¿Quieres saber cuánto valoras la Palabra? Responde a esta pregunta: ¿Qué es más importante para ti, tu Biblia o tu dinero? David fue llamado un hombre conforme al corazón de Dios porque valoraba la Palabra de Dios más que su sueldo. Piénsalo David sabía que su sueldo no podía darle la vida, y tampoco tu sueldo o el mío pueden darnos la vida. Pero la Palabra de Dios sí puede.
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