02-17-23 ESP.

Saltando Hacia Tu Destino

MATEO 14:31

Inmediatamente Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?".

Me encantan los Juegos Olímpicos. Me encanta ver a los atletas en su mejor forma física compitiendo entre ellos. Es divertido ver a la gente aprovechar al máximo su talento, su entrenamiento y su fuerza. Me gusta ver a los saltadores de altura en la sección de atletismo de los Juegos Olímpicos. En 1993, en una competición diferente, Javier Sotomayor, de Cuba, saltó el listón a una altura asombrosa de 8 pies, un récord que se mantiene desde hace 25 años. También me gusta ver a los saltadores con pértiga. El récord olímpico masculino es de casi 6 metros. Cuando los saltadores de pértiga comienzan un salto, dan un paso atrás, miran hacia la pista y corren hacia la barra, llevando una enorme pértiga. Cuando llegan al final de la pista, introducen la pértiga en una caja especial colocada en el suelo.

Cuando levantan las piernas del suelo, la pértiga actúa como un resorte y los impulsa por los aires. Como dependen de la pértiga, llegan más alto de lo que podrían llegar por sí solos. Lo que Dios ha creado para ti -tu destino- está más allá de ti. Tu propia habilidad, fuerza e inteligencia no son suficientes para que alcances tu destino por ti mismo. De hecho, si tu destino no es más grande que tú, en realidad no es tu destino. Es simplemente que intentas lograrlo por ti mismo. Dios trabaja donde hay fe, y la fe cree en lo que está más allá de tu propia capacidad de entender o lograr. Para alcanzar tu destino, necesitas algo parecido a una pértiga, algo que te impulse más alto de lo que podrías llegar por ti mismo. Ese poste es la fe. Es fe en la Palabra de Dios, fe en Su carácter, y fe en que Él hará lo que ha dicho que hará. Usa el poste de la fe para llegar a donde necesitas ir. Cuando lo hagas, aprenderás a elevarte.

Dios, confío en que la fe me llevará más lejos de lo que jamás podría llegar por mí mismo. La fe es la certeza de lo que se espera, la prueba de lo que no se ve. Aumenta mi fe, Dios, allí donde me falta. Quiero agradarte con mi fe.

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