Dejar Ir
ISAÍAS 53:7
Fue oprimido y afligido, pero no abrió la boca; como cordero que es llevado al matadero, y como oveja que calla ante sus trasquiladores, así no abrió la boca.
Se cuenta la historia de un hombre que estaba recogiendo huevos de un nido situado en la ladera de un acantilado muy escarpado. Al acercarse con cuidado al nido, resbaló y empezó a deslizarse por el borde del acantilado. En el último segundo, pudo agarrarse a una rama y detener su caída al valle. Colgado del precipicio, a cientos de metros de altura, gritó: "¡Ayudadme! Que alguien me ayude". Una voz surgió del cielo: "¿Crees que puedo ayudarte?". El hombre respondió: "Sí, creo. Por favor, ayúdeme". La voz volvió a salir del cielo. "¿Crees que tengo el poder de ayudarte?" "¡Sí, creo! Yo creo. Por favor, ayúdame". "¿Crees que te amo lo suficiente como para ayudarte?" "Sí, sé que me amas. Por favor, ayúdame". "Porque crees, te ayudaré. Ahora suéltame". Tras un breve silencio, el hombre dijo: "¿Hay alguien más ahí arriba?". Dios no siempre tiene sentido, ¿verdad? A lo largo de las Escrituras y de la historia de la Iglesia, Dios ha pedido a la gente que haga cosas que no tienen sentido, como soltar aquello a lo que se aferraban para salvar su vida.
Le pidió a Abraham que dejara ir a Isaac y la promesa de una generación bendecida. A Rut le pidió que renunciara a la familiaridad y a su tierra natal a cambio de lo desconocido. A José le pidió que renunciara al juicio y a la sospecha cuando María se quedó embarazada. Dios puede estar pidiéndote que dejes ir algo que aprecias mucho -una persona, un trabajo, o tal vez una mentalidad- porque Él sabe que al dejar ir, tendrás la oportunidad de demostrar una gran fe. Y una gran fe siempre produce un gran retorno. ¿Te está impulsando Dios a confiarle algo hoy? Dejar ir puede ser lo que te lleve al siguiente paso hacia tu destino.
Jesús, gracias por tu ejemplo de dejar ir y confiar en tu Padre. Ante el gran dolor y la separación, no te quejaste. En la cruz, dejaste ir tus propios deseos y te sometiste a Dios. Que yo tenga la gracia de soltar todo aquello a lo que me aferro, sin quejarme y con un corazón lleno de amor por Ti.
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